Existen muchos mitos y prejuicios que rodean a la educación inclusiva y dificultan la inclusión de los niños, niñas y adolescentes con discapacidad en las escuelas.

Es importante que como sociedad abandonemos estas creencias,  para así construir una  educación integral y de calidad para todos los niños, niñas y adolescentes, sin discriminación, potenciando al máximo las capacidades de cada uno y brindándoles la oportunidad de convivir juntos.

 

Analizar, conversar y reflexionar sobre estas creencias son caminos para derribar barreras y promover  una educación inclusiva.

 

Entre los mitos y prejuicios más comunes, se encuentran:

 

“En la escuela regular (común) no le pueden inscribir a un niño, niña o adolescente con discapacidad porque no están formados para atender a niños diferentes, ellos deben ir a escuelas especiales”

 

Ninguna institución educativa del país puede negarle la matriculación a un niño, niña o adolescente con discapacidad. La Ley 5136/13 de Educación Inclusiva, en el artículo 5, menciona que el Ministerio de Educación y Ciencias garantizará la matriculación e inscripción sin discriminación alguna. Así mismo, en el artículo 21 de la misma ley, menciona que el Ministerio de Educación adoptará las medidas necesarias en lo que hace a la formación de los educadores.

 

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 “Los estudiantes con discapacidad  no van a poder hacer lo que hacen los otros niños y éstos se van a atrasar”

 

Enfocar las actividades escolares desde un diseño universal de aprendizaje, que brinde recursos diversos en el aula, incluya nuevas metodologías de enseñanza y promueva el trabajo colaborativo, permite que todos los estudiantes aprendan; cada uno a su ritmo y desde sus propias características, recursos y potencialidades. Además, se brinda al grupo de compañeros la oportunidad de convivir en la diversidad y de valorar las diferencias descubriendo formas nuevas de relacionarse y establecer vínculos de amistad y solidaridad.

 

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“Los estudiantes se van a burlar de los niños, niñas y adolescentes con discapacidad, los van a dejar de lado y ellos van a sufrir por eso”

 

Todos los niños con o sin discapacidad se encuentran expuestos a situaciones de discriminación o acoso escolar debido a la realidad social que vivimos, y todos tienen el derecho de asistir a escuelas seguras y acogedoras. Es responsabilidad no solo de los docentes y profesionales de la escuela, sino de las familias y la sociedad en general, favorecer la transformación cultural necesaria, para que los niños incorporen formas de sentir, pensar y actuar, basados en valores inclusivos, respeto y protección. El Art. 18 de la Ley de Educación Inclusiva hace referencia a este tema.

 

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“La ley no es un respaldo, sólo hace que los docentes tengan mala actitud”

 

La mala actitud de los docentes se puede dar como no dar en el contexto educativo, con niños con y sin discapacidad. Y esta mala actitud o falta de apertura puede observarse no solo en docentes, sino en directivos, técnicos de educación, familias o estudiantes.

 

La creación de la ley es un paso importante como sociedad, puesto que la valoración de la diversidad exige que como sociedad se establezcan las condiciones que velen por los derechos de todos los ciudadanos, en este caso, el derecho a la educación. En su artículo 4, la Ley de Educación Inclusiva garantiza la no discriminación ni trato degradante, tanto dentro como fuera de las instituciones educativas, por parte de ningún miembro de la comunidad educativa, así como el respeto a la diferencia y reconocimiento de la discapacidad como componente de la diversidad humana.

 

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“El niño con discapacidad o que posee desafíos para su aprendizaje, tiene que alcanzar primero habilidades similares a los otros niños para que pueda ir a la escuela”

 

La educación inclusiva plantea que las propuestas educativas deben estar diseñadas de acuerdo a las capacidades y potencialidades de cada estudiante, por lo tanto se deben realizar los ajustes necesarios a cada caso. Estos ajustes pedagógicos permiten que los niños que presentan desafíos tengan una propuesta ajustada a su ritmo y su capacidad, brindándose al mismo tiempo,  los apoyos necesarios para favorecer ese proceso con su  grupo de compañeros, dentro del aula. Es importante, además, tener presente que la escuela brinda oportunidades de desarrollo integral que transcienden las asignaturas académicas, en el cotidiano estar en el aula, los niños  aprenden a convivir y desarrollan habilidades de comunicación y autonomía, enriqueciendo así su pensar, sentir, hacer y estar en el mundo.

 

 

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